La transmisión de la fe en la familia, artículo 3

familia_en_crisisCrisis de la familia en la transmisión de la fe

«El matrimonio y la familia atraviesan una seria crisis cultural».

"Es urgente una amplia catequización sobre el ideal cristiano de la comunión conyugal y de la vida familiar, que incluya una espiritualidad de la paternidad y la maternidad", agregó el pontífice.

"Sigamos presentando la belleza del matrimonio cristiano: «casarse en el Señor» es un acto de fe y amor, en el que los esposos, mediante su libre consentimiento, se convierten en transmisores de la bendición y la gracia de Dios para la Iglesia y la sociedad.

Papa Francisco, Audiencia con obispos
de la Conferencia Episcopal de la República Dominicana, 
28 de mayo de 2015

*  *  *

Sumario

1. La fe de nuestros padres y abuelos.

2. La transmisión de la fe en las familias.

3. Crisis actual en la transmisión de la fe

4. ¿Qué panorama nos espera?

5. “Alianza entre la Iglesia y la familia”

*  *  *

1. La fe de nuestros padres y abuelos

Cuando hablamos de «transmisión de la fe» no lo hacemos en el mismo sentido que cuando se habla de transmisión de una enfermedad o de una determinada herencia. La fe es siempre una respuesta personal y libre a la gracia del Espíritu Santo, que ilumina y ayuda a responder confiadamente a Dios. Esa respuesta personal se realiza con más facilidad en el seno de una familia cristiana.

Desde un punto de vista sociológico, es fácil constatar que durante siglos, en los países de tradición cristiana, la fe se ha ido transmitiendo pacíficamente de padres a hijos, sin  que nos diéramos cuenta de la enorme importancia que todo este proceso tenía para el conjunto de la vida de la Iglesia y de la humanidad y para la difusión del Evangelio en el mundo.

Bastaría que cada uno de nosotros se hiciera algunas preguntas sobre su propia experiencia: ¿quién nos enseñó a creer en Jesucristo y a dirigirnos a la Virgen María? ¿Cuándo aprendimos a rezar y a distinguir el bien del mal? ¿Cuándo y cómo empezamos a vivir como cristianos?...

Seguramente la mayoría de nosotros ha nacido a la fe y a la vida cristiana gracias a la ayuda de nuestros padres y abuelos. Fueron nuestros padres quienes pidieron el sacramento del Bautismo para cada uno de nosotros y asumieron la responsabilidad de enseñarnos a vivir como cristianos. Fueron también ellos quienes eligieron una escuela acorde con sus convicciones humanas y religiosas.

Todo ello se desarrolló seguramente con plena naturalidad en un entorno familiar y social que favorecía la educación y la transmisión de la fe. Este modo de proceder gozaba de una enorme lógica: si ellos mismos habían  recibido la vida de la gracia en la Iglesia, ¿cómo iban a privar a sus hijos del don del Espíritu Santo, fuente del amor, de la vida divina y de la felicidad eterna?

 

2. La transmisión de la fe en las familias

Desde los primeros siglos de nuestra era, y con una continuidad que hoy nos asombra, cientos de generaciones se han ido incorporando a la Iglesia a medida que el Evangelio de Jesucristo iba llegando a las diversas regiones del planeta. Primero en Europa y más tarde en América y en los demás continentes, millones de seres humanos de todas las razas, lenguas y culturas recibían el Bautismo y transmitían la fe cristiana a sus hijos en el seno del hogar.

Como una madre enseña a sus hijos a hablar y a querer, la Iglesia, madre de los fieles cristianos, iba enseñando el lenguaje de la fe y sus expresiones en la vida cotidiana por medio de sacerdotes y religiosos, muchos de ellos santos de altar. Pero, sobre todo, la fe se ha ido transmitiendo durante siglos por medio de los padres y madres de familia, cristianos corrientes que la pedían para sus hijos en el sacramento del Bautismo y luego, en el momento oportuno y con la debida catequesis de preparación, los acercaban a recibir los sacramentos de la Confirmación y de la Eucaristía.

3. Crisis actual en la transmisión de la fe

Sin embargo, en los tiempos recientes las cosas han cambiado mucho debido al crecimiento progresivo, especialmente en Europa y Estados Unidos, de todo un verdadero “tsunami” de secularismo y descristianización.

Los datos lo atestiguan. Por ejemplo, con referencia a España, hasta hace pocos años el 90% de los niños nacidos en nuestro país recibía el Bautismo y hacía la Primera Comunión. Ahora, el 30% de los niños ya no recibe el Bautismo, y aunque el 70% recibe la Primera Comunión esta ceremonia se mantiene en muchos casos como un acto meramente social. Y, lo que es todavía más llamativo, solamente el 4 % de los jóvenes entre 15 y 30 años participan habitualmente en la Misa dominical, frente a un 96% que ya no participa. (Son datos del año 2014).

Por otro lado, el número de matrimonios ante la Iglesia está bajando mucho, mientras suben a gran velocidad el número de matrimonios civiles y, sobre todo, las parejas de hecho.

Ante la fuerza espectacular de estos datos, ha escrito el cardenal Fernando Sebastián:  “Tenemos que reconocer que el medio de transmisión de la fe, más normal y más efectivo durante siglos se ha desmoronado en pocos años. Esta es una de las novedades más graves y más preocupantes de la situación de la Iglesia en la España actual”.

Y Mons. Sebastián, al que seguimos en estos comentarios, sigue diciendo que antes los niños eran iniciados en la fe desde los primeros años a través de la convivencia familiar. Ahora este cauce falla en  muchos casos. Los padres conviven menos con los hijos, muchas familias católicas tienen una vida religiosa deficiente, no asisten a la Eucaristía dominical ni celebran las grandes fiestas del Año Litúrgico, tampoco tienen costumbre de rezar en familia. En la convivencia familiar no aparece con suficiente nitidez el testimonio de la fe vivida, no hay “contagio” de la fe.

4. ¿Qué panorama nos espera?

A primera vista, asusta pensar lo que será nuestra sociedad dentro de 20 ó 30 años, cuando aparezca una nueva generación carente de las conexiones que todavía tienen bastantes jóvenes actuales con muchas ideas y valores cristianos.

Sin embargo, y contra lo que podría pensarse, la familia no es un enfermo desahuciado sino que es el verdadero remedio de cara a la renovación apostólica que ya se ha iniciado.

El papa Francisco, al finalizar el Año de la Fe (2012-2013), publicó la Exhortación Apostólica Evangelii gaudium (“La alegría del Evangelio”) que es una apasionada llamada a una nueva evangelización en toda la Iglesia, y, por tanto, también en cada familia cristiana.

La acciones que ha promovido el Santo Padre desde ese momento resultan impresionantes: desde la convocatoria de dos Sínodos de Obispos sobre la familia (en octubre de 2014 y en octubre de 2015) hasta sus discursos y homilías casi diarias a lo largo de estos doce últimos meses, pasando por el Encuentro Mundial de las Familias celebrado en Filadelfia (EEUU) en el mes de septiembre de 2015.

5. “Alianza entre la Iglesia y la familia”

Precisamente en Filadelfia, el papa Francisco ha hablado de “la alianza entre la Iglesia y la familia” porque “la familia es una bendición de Dios destinada a todos”. De nada sirve lamentarnos constantemente de los fallos de la época actual y de los méritos de la sociedad que fue cristiana. Es el momento, como está enseñando cada día el papa Francisco, de dejar de lanzar anatemas y de centrarse más en los mensajes positivos.

Por eso, desde las parroquias, desde los colegios de ideario católico, desde los grupos de orientación familiar, desde los movimientos que aman y sirven a las familias hemos de ayudar a los niños, a los jóvenes  y a los matrimonios a que tomen conciencia de la grandeza de la vocación cristiana y de la misión evangelizadora que les espera, que ha de ser afrontada con decisión y coraje, con el ejemplo y con la palabra.

Estos artículos desean ser como una sencilla guía orientadora que pueda ayudar a muchos padres jóvenes a descubrir las ventajas que tiene enseñar a sus hijos, desde pequeños, a ser cristianos coherentes, es decir personas que conocen el verdadero sentido de sus vidas y el camino hacia la felicidad en un mundo confuso.

Indirectamente, algunos de estos padres se sentirán interpelados por lo que van a encontrar en estos artículos y, más aún, cuando intenten explicarlo a sus hijos. Este es uno de los  principales objetivos de los autores: ayudar a padres jóvenes a reflexionar sobre su propia fe, a veces vacilante, recordando las luminosas palabras de Benedicto XVI: “la fe se fortalece cuando se transmite”. Van dirigidos a padres generosos que quieren asentar unas bases formativas sólidas con el fin de asegurar la futura felicidad de sus hijos.

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