La transmisión de la fe en la familia, artículo 4

La transmisión de la fe en la familia, artículo 4¿Cómo remontar la crisis de la familia?

Es urgente una amplia catequización sobre el ideal cristiano de la comunión conyugal y de la vida familiar, que incluya una espiritualidad de la paternidad y la maternidad.

SS Francisco, Audiencia con obispos de la Conferencia Episcopal de la República Dominicana, 28 de mayo de 2015

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Sumario

1. Tobías y Sara.

2. Deterioro actual del matrimonio y la familia.

3. Hay que volver al proyecto inicial de Dios.

4. Recuperar las propiedades esenciales del matrimonio.

5. Objetivos prioritarios para la familia de hoy.

6. El matrimonio es una vocación a la santidad.

7. Llevar el "espíritu de familia" a la sociedad entera.

ApéndiceCómo la Iglesia salvó mi matrimonio

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La transmisión de la fe en la familia, artículo 41. Tobías y Sara

La Biblia cuenta la historia de dos jóvenes, Tobías y Sara, que se conocieron y se enamoraron. En su noche de bodas, dirigieron sus corazones a Dios con gratitud y confianza. Tobías declaró en su oración que tomaba a Sara como esposa no por mero placer, sino por amor, con rectitud de intención. Y terminó diciendo: "Ten misericordia de ella y de mí, para que alcancemos juntos la ancianidad". Después dijeron ambos: "¡Amén, amén!"

Esta antigua historia se actualiza cada vez que un hombre y una mujer, primero ante el altar y más tarde ante el lecho nupcial, celebran libremente el Sacramento del Matrimonio para entregarse mutuamente por amor hasta que la muerte los separe.

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La transmisión de la fe en la familia, artículo 42. Deterioro actual del matrimonio y la familia

A lo largo de estas últimas décadas se ha ido deteriorando la imagen del matrimonio y de la familia. El papa Francisco afirmaba en una reciente Audiencia que la familia está siendo muy "baqueteada". ¿Qué quería decir con esta palabra? Si vamos al diccionario de la lengua española encontramos que "baquetear" equivale a sufrir el "castigo de baquetas", es decir ser golpeado con unas varas que usan los picadores para el manejo de los caballos. La familia de hoy está siendo baqueteada no con varas, pero sí por ciertas leyes y medios de comunicación.

En una de las primeras sesiones del Sínodo sobre la Familia (X-2015), el Cardenal Erdo –Arzobispo de Budapest y Relator del Sínodo- aseguró que los efectos de la globalización actual son causa de la disgregación de la familia porque están favoreciendo "un cambio antropológico: la persona, en la afirmación de su propia libertad, busca demasiado a menudo ser independiente de toda unión, de toda institución". Y esto, lógicamente, está teniendo consecuencias para la estabilidad matrimonial y para la educación de los hijos.

"Así parece explicarse -siguió diciendo- el número creciente de parejas que viven juntas establemente, pero no quieren contraer ningún tipo de matrimonio ni religioso ni civil". Además, "la fuga de las instituciones se encuentra también en el creciente porcentaje de divorcios".

También el arzobispo de Filadelfia, Mons. Chaput, denunció en el Sínodo que, en aras del desarrollo, los seres humanos "hemos contaminado nuestros océanos y el aire que respiramos, hemos envenenado el cuerpo humano con anticonceptivos y hemos tergiversado la comprensión de nuestra propia sexualidad".

Y el papa Francisco en la homilía de la Misa de Apertura del Sínodo (5-X-2015) hizo este diagnóstico: "Cada vez hay menos seriedad en llevar adelante una relación sólida y fecunda de amor: en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, en la buena y en la mala suerte. El amor duradero, fiel, recto, estable, fértil es cada vez más objeto de burla y considerado como algo anticuado. Parecería que las sociedades más avanzadas son precisamente las que tienen el porcentaje más bajo de tasa de natalidad y el mayor promedio de abortos, de divorcios, de suicidios y de contaminación ambiental y social". Parece bastante evidente que por este camino la familia normal –y por tanto la sociedad- no tiene mucho futuro.

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La transmisión de la fe en la familia, artículo 43. Hay que volver al proyecto inicial de Dios

El verdadero amor es mucho más que una emoción pasajera: supone la entrega de lo más íntimo del corazón. De hecho, el amor entre un hombre y una mujer es el reflejo del amor infinito que Dios nos tiene. De ahí su importancia y su belleza.

Todo matrimonio tiene su origen en la misma naturaleza humana. Podemos observar, por ejemplo, que las instituciones de gobierno o muchas leyes cambian con el tiempo: esto es posible porque solo son fruto de la creatividad del ser humano. Sin embargo, la unión del hombre y la mujer ha sido «proyectada» por Dios, pues Él es el autor del matrimonio (CEC, 1.603). En la Biblia se lee que Dios dijo al crear a Adán: No es bueno que el hombre esté solo; voy a hacerle una ayuda adecuada para él (Gn 2, 18). Y creó a la mujer.

De la entrega recíproca y complementariedad sexual de los esposos surge de forma natural el don de la fecundidad. Por esta razón el matrimonio es la base sobre la que se construye la familia. Dios ha establecido en su plan que los hijos nazcan del amor de los esposos (hombre y mujer) y ha querido que todos los seres humanos vengan al mundo arropados por este amor.

Y no solo eso. La familia, como antes se dijo, cumple también otra función crucial: la de ser el fundamento y la base sobre la que se construye toda la sociedad. Así, el bien de una nación depende de la estabilidad de las familias que la componen.

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4. Recuperar las propiedades esenciales del matrimonio

La sociedad actual necesita recuperar y fortalecer las tres propiedades esenciales del matrimonio en conformidad con el plan de Dios: la unidad, la indisolubilidad y la apertura a la vida.

  1. Unidad: el varón y la mujer (y solo ellos) se unen para formar una comunidad de vida y de amor de manera que ya no son dos, sino una sola carne (Gn 2, 24 y Mt 19, 6). Ningún poeta ha definido mejor esta clase de unidad. La unidad no tiene partes y, por tanto, no se puede descomponer ni disolver.
  2. Indisolubilidad: significa que cuando los esposos se unen libremente, Dios sella su vínculo y ni «la Iglesia tiene poder para pronunciarse contra esta disposición de la sabiduría divina» (CEC, 1.640). El bien de los esposos —que se han entregado el uno al otro— y el de los hijos así lo exige. El verdadero matrimonio es "uno con una y para siempre". El divorcio atenta de lleno contra esta propiedad fundamental del matrimonio y perjudica especialmente a los hijos.
  3. Apertura a la vida: el amor conyugal tiende, por sí mismo, a la generación de los hijos. Dios, inmediatamente después de crear a Adán y Eva, les dijo: Procread y multiplicaos, y llenad la tierra (Gn 1, 28). La Iglesia enseña que «el acto matrimonial debe quedar abierto a la transmisión de la vida» (Humanae Vitae, 12). El aborto y la anticoncepción atacan esta propiedad esencial del matrimonio y tratan al ser humano como si fuera un animal. La mentalidad y la práctica anticonceptiva que hoy impera se oponen radicalmente a una verdadera vida de fe y de amor en el matrimonio cristiano. Por eso, es muy difícil que un matrimonio que utilice prácticas anticonceptivas pueda transmitir la fe a sus hijos.

La transmisión de la fe en la familia, artículo 4La aceptación generosa de los hijos como un don de Dios es la culminación natural del matrimonio. Sin embargo, aquellos esposos que no pueden tener hijos también están llamados a vivir santamente su matrimonio confiando en la Providencia amorosa de Dios y colaborando generosamente en el bien de la sociedad y de la Iglesia.

Es curioso comprobar que, al comienzo de su vida pública, Jesús asistió a una boda (Jn 2, 1-11). En efecto, en Caná de Galilea Jesús santificó el matrimonio con su presencia y realizó allí su primer milagro al convertir el agua en vino. Algunos antiguos Padres de la Iglesia vieron en este milagro la elevación de matrimonio natural al matrimonio-sacramento, fuente de gracias para los contrayentes y para su vida familiar. El matrimonio sacramental es el mismo matrimonio natural cuando se contrae válidamente por dos bautizados en la Iglesia.

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5. Objetivos prioritarios para la familia de hoy

Scott Hahn en su libro La evangelización de los católicos afirma que los cristianos deben recuperar una visión de la familia como "iglesia doméstica", según la expresión de san Pablo, que equivales a decir "iglesia familiar". Ante el reto de la crisis de la familia y de la descristianización, es necesario que se ayude a las familias cristianas, especialmente a las "familias jóvenes", a convertir sus hogares en lugares donde la fe se hace visible y real y donde se transmite a las nuevas generaciones. Y esta no es misión solamente de la madre, como tantas veces se aceptó en el pasado, sino de ambos cónyuges, si los dos se han comprometido a educar cristianamente a sus hijos. De este modo colaboran activamente en la nueva evangelización.

Para llevar a cabo esta misión evangelizadora como "iglesia doméstica", se requiere que marido y mujer asuman los siguientes objetivos:

  1. Ser consecuentes con los compromisos adquiridos y con las propiedades esenciales del matrimonio.
  2. Asumir la misión de ser los principales evangelizadores de sus hijos.
  3. Esforzarse en hacer de su familia sea un "lugar de oración".
  4. Tratar de que la Misa dominical ocupe un lugar central en la vida familiar.
  5. Esforzarte a diario para que la familia sea un remanso de paz y de caridad.
  6. Y un lugar que irradie amor y misericordia hacia fuera ("Iglesia en salida").

Estos objetivos los iremos desarrollando en los capítulos siguientes.

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6. El matrimonio es una vocación a la santidad

El matrimonio cristiano es un camino de santidad, una vocación. Mucha gente piensa que la palabra "vocación" se aplica exclusivamente al ámbito religioso: vocación sacerdotal, vocación a la vida religiosa, etc. Y no es así. La palabra vocación se usa principalmente como "la inspiración con que Dios llama a algún estado". Dios llama a la mayoría de los bautizados a la vida matrimonial y familiar y da a los esposos las gracias necesarias para que se ayuden mutuamente en su santificación.

La vida conyugal, siguiendo el espíritu evangélico, supone muchos beneficios para los esposos:

  1. Contribuye a combatir el egoísmo y la búsqueda del propio interés.
  2. Impulsa a entregarse generosamente al otro cónyuge y a los hijos.

Desde sus orígenes, la vida de la Iglesia ha estado muy unida a la institución familiar. En los Hechos de los Apóstoles, que es la historia de los primeros años de la Iglesia, leemos varias veces la conversión de familias enteras, familias que eran verdaderos oasis de vida cristiana en medio de un mundo pagano, familias que se sentían llamadas a santificarse en medio del mundo y a imitar el ejemplo de la Sagrada Familia en la vida ordinaria.

La situación entonces no era muy diferente ni más fácil que la que vivimos ahora. También hoy la familia cristiana tiene que superar numerosos obstáculos y, en medio de ellos, está llamada a crecer como comunidad de fe y oración en la que se transmite la fe de padres a hijos.

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7. Llevar el "espíritu de familia" a la sociedad entera

El papa Francisco en la audiencia del 7-X-2015 afirmó que "un vistazo atento a la vida diaria de los hombres y mujeres de hoy muestra inmediatamente la necesidad que hay en todas partes de una robusta inyección de "espíritu familiar".

El Papa manifestó que "se podría decir que el 'espíritu familiar' es la carta magna de la Iglesia: así el cristianismo debe mostrarse y así debe ser". El Santo Padre, refiriéndose a las relaciones humanas que predominan en la sociedad, señaló que "el estilo de las relaciones parece muy racional, formal, organizado, pero también muy 'deshidratado', árido y anónimo". "La familia introduce la necesidad de lazos de fidelidad, sinceridad, confianza, cooperación, respeto; anima a proyectar un mundo habitable y a creer en relaciones de confianza, también en condiciones difíciles". "Todos somos conscientes de lo insustituible de la atención familiar a los miembros más pequeños, más vulnerables, más heridos, e incluso más desastrosos en las conductas de su vida". La familia "libera de las aguas maliciosas del abandono y de la indiferencia, que ahogan a muchos seres humanos en el mar de la soledad". "Las familias saben bien qué es la dignidad de sentirse hijos y no esclavos, o extranjeros, o solo un número del carné de identidad". "De la familia, Jesús retoma su paso entre los seres humanos para persuadirlos de que Dios no los ha olvidado".

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Apéndice: Cómo la Iglesia salvó mi matrimonio

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