Evangelio del día: Curación de un ciego

Evangelio del día: Curación de un ciegoMarcos 8, 22-26. Miércoles de la 6.ª semana del Tiempo Ordinario. Jesús ha venido al mundo para separar a los ciegos curables de aquellos que no se dejan curar, porque presumen de sanos. 

Cuando llegaron a Betsaida, le trajeron a un ciego y le rogaban que lo tocara. El tomó al ciego de la mano y lo condujo a las afueras del pueblo. Después de ponerla saliva en los ojos e imponerle las manos, Jesús le preguntó: «¿Ves algo?». El ciego, que comenzaba a ver, le respondió: «Veo hombres, como si fueran árboles que caminan». Jesús le puso nuevamente las manos sobre los ojos, y el hombre recuperó la vista. Así quedó curado y veía todo con claridad. Jesús lo mandó a su casa, diciéndole: «Ni siquiera entres en el pueblo».

Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede

Lecturas

Primera lectura: Sant 1, 19-27

Salmo: Sal 14, 2-5

Oración introductoria

Señor, haz que pueda ver la paciencia con la que esperas que te dé mi tiempo y atención, la misericordia y comprensión ante mi debilidad, las innumerables gracias con las que colmas mi vida, como ésta, al poder tener este momento de meditación. Qué insensatez la mía si no sé aprovechar y agradecer esta gracia de poder tener un auténtico diálogo de amor contigo en la oración.

Petición

Ven, Espíritu Santo, llena mi corazón y enciende el fuego de tu amor, hazme dócil a tus inspiraciones para gustar siempre el bien y gozar de tu consuelo.

Meditación del Santo Padre emérito Benedicto XVI

Inmediatamente pasa a la acción: con un poco de tierra y de saliva hace barro y lo unta en los ojos del ciego. Este gesto alude a la creación del hombre, que la Biblia narra con el símbolo de la tierra modelada y animada por el soplo de Dios. De hecho, «Adán» significa «suelo», y el cuerpo humano está efectivamente compuesto por elementos de la tierra. Al curar al hombre, Jesús realiza una nueva creación. [...] Al ciego curado Jesús le revela que ha venido al mundo para realizar un juicio, para separar a los ciegos curables de aquellos que no se dejan curar, porque presumen de sanos. En efecto, en el hombre es fuerte la tentación de construirse un sistema de seguridad ideológico: incluso la religión puede convertirse en un elemento de este sistema, como el ateísmo o el laicismo, pero de este modo uno queda cegado por su propio egoísmo.

Queridos hermanos, dejémonos curar por Jesús, que puede y quiere darnos la luz de Dios. Confesemos nuestra ceguera, nuestra miopía y, sobre todo, lo que la Biblia llama el «gran pecado»: el orgullo. Que nos ayude en esto María santísima, la cual, al engendrar a Cristo en la carne, dio al mundo la verdadera luz.

Benedicto XVI, Ángelus del domingo, 2 de marzo de 2008

Propósito

Que mi testimonio de vida y mis buenas obras, hagan resplandecer la luz del Espíritu Santo ante los hombres.

Diálogo con Cristo

Jesucristo, pasar la vida haciendo el bien a todos, da una luz distinta a mi existencia. Con tu gracia, dejando a un lado mi orgullo y soberbia para dejarte actuar, podré lograr que los ciegos que me rodean puedan ver la luz en el Evangelio, los cojos y tullidos por su egoísmo empiecen a participar en la nueva evangelización y los muertos en vida resuciten cuando hagan la experiencia de tu amor.

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