Los niños y la Liturgia: Elementos de una celebración de la Palabra (II)

Los niños y la Liturgia: Elementos de una celebración de la Palabra (II)Esta columna es contiuación de la anterior dedicada a los elementos de celebración de la palabra con niños.


E. El clima festivo

Una celebración es algo muy diferente de una ceremonia aburrida y pesada. ¡Cuánto más si los que participan son niños! La celebración para el niño significa siempre fiesta y alegría. Incluso para los adultos, una fiesta implica algo extraordinario; todo el ambiente luce distinto: el aseo y la limpieza, la decoración, la música, los cantos, la vestimenta, etc.

Para lograr ese clima festivo es importante cuidar que el marco físico sea digno y diferente. Todo el ambiente debe hablar de algo distinto. Se pueden disponer de almohadones, láminas, alfombras, flores, velas, guirnaldas, alguna imagen religiosa, música de fondo, etc.

En cada celebración se usarán símbolos distintos y variados, pero buscando no poner demasiados signos por celebración, ya que puede dispersar a los niños.

El lugar para una celebración con niños debe elegirse cuidadosamente, de acuerdo a lo que se celebra. Preparar el lugar para la celebración, puede ser una hermosa ocasión para un trabajo en conjunto con niños y padres.

Evidentemente, lo más importante de un clima festivo es la disposición interior de los niños (que en esta edad se logra a través de gestos, cantos, aplausos, etc.), y no solamente con objetos externos.


F. La oración

Toda celebración deberá conducir al encuentro con Dios, que será personal y comunitario. En cualquier celebración que hagamos con los niños, debe existir un espacio, aunque sea breve, para la oración personal, para la oración silenciosa.

Los niños tienen que acostumbrarse poco a poco, a lograr espacios de silencio interior; y del mismo modo, deben tener sus primeras experiencias de oración comunitaria. Los niños saben que la comunidad, la familia, los amigos, los demás también están para rezar con uno, para compartir alegrías y dolores, para rezar juntos por una intención personal. Un niño, por ejemplo, que pide a sus amigos que recen por su gatito enfermo está generando un acto salvífico del amor de Dios.

Es muy importante que los niños puedan hacer oración y expresar en voz alta sus propias preocupaciones, sus propias intenciones. Estas oraciones espontáneas de petición, de alabanza y de agradecimiento, muy queridas por los niños y, estoy convencido, que por Dios también, van a ir despertando el sentido comunitario de la oración. Es de lamentable constatar que a medida que pasan los años, más nos vamos alejando de la oración comunitaria, compartida desde la vida.


G. El compromiso personal y comunitario

El compromiso personal y comunitario es el fruto normal de la celebración, que se ha de dar en cada niño. A veces, será propuesto por el catequista, pero respetando la forma de expresión de cada uno.

Este compromiso debe ser muy concreto, por ejemplo, compartir una golosina con mi compañero en la próxima merienda, ayudar a mamá a ordenar mis juguetes, etc.; evaluable, es decir, que el niño y el catequista puedan saber si se cumplió o no; y cercano, o sea, no muy lejano en el tiempo.

Muchas veces, en los niños, el compromiso se manifiesta a través de expresiones corporales como: acompañar los cantos con todo el cuerpo, dibujar el compromiso o exteriorizarlo con una dramatización, un signo, una postura, un póster o un gesto comunitario.

De esta manera, teniendo presentes los componentes esenciales de una Celebración de la Palabra con participación de niños, podremos adentrarnos en su preparación. Es importante aclarar que estos elementos deberán estar presentes tanto en una celebración sencilla, que bien puede ser familiar como en una celebración más grande, como puede ser una celebración en la parroquia, escuela o barrio. Lo que habrá que variar será la profundidad y extensión, pero todos estos elementos deberán estar presentes, de alguna manera u otra.


(De la Serie «Los niños y la Liturgia», columna 7.ª)

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