La oración según san Juan Crisóstomo, Padre de la Iglesia

La oración según san Juan Crisóstomo, Padre de la Iglesia¿Durante cuánto tiempo aún estaremos clavados a la realidad presente? ¿Cuánto tiempo aún hará falta antes de que podamos librarnos de ella? ¿Durante cuánto tiempo aún descuidaremos nuestra salvación? Recordemos aquello de lo que Cristo nos ha considerado dignos; démosle gracias, glorifiquémoslo, no sólo con nuestra fe, sino también con nuestras obras efectivas, de modo que podamos alcanzar los bienes futuros por la gracia y la amorosa ternura de nuestro Señor Jesucristo, por el cual y con el cual sea gloria al Padre y al Espíritu Santo, ahora y por los siglos de los siglos. Amén.

San Juan Crisóstomo

In Joannem 46, 4: PG 63, 262

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El 13 de septiembre es el día de san Juan Crisóstomo, patrono de los predicadores. Como Padre de la Iglesia y uno de los grandes catequistas de la historia del cristianismo, celebremos este día meditando su magisterio sobre la oración, el cual, tras mil seiscientos años, sigue en plena vigencia. 

Antes de empezar la reflexión, conviene conocer mejor a san Juan Crisóstomo, y qué mejor manera de hacerlo que realizando la lectura de la Catequesis sobre Juan Crisóstomo del Santo Padre Benedicto XVI.

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La oración según san Juan Crisóstomo

«Nada hay mejor que la oración y coloquio con Dios ....Me refiero, claro está, a aquella oración que no se hace por rutina, sino de corazón, que no queda circunscrita a unos determinados momentos, sino que se prolonga sin cesar día y noche».

Homilía 6, sobre la oración

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«La oración es luz del alma, verdadero conocimiento de Dios, mediadora entre Dios y los hombres. Por ella nuestro espíritu, elevado hasta el cielo, abraza a Dios con abrazos inefables; por ella nuestro espíritu espera el cumplimiento de sus propios anhelos y recibe unos bienes que superan todo lo natural y visible».

Homilía 6, sobre la oración

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«La oración no es el efecto de una actitud exterior, sino que procede del corazón. No se reduce a unas horas o momentos determinados, sino que está en continua actividad, lo mismo de día que de noche. No hay que contentarse con orientar a Dios el pensamiento cuando se dedica exclusivamente a la oración; sino que, aun cuando se encuentre absorbida por otras preocupaciones (...) hay que sembrarlas del deseo y el recuerdo de Dios».

Homilía 6, sobre la oración

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«La oración viene a ser una venerable mensajera nuestra ante Dios, alegra nuestro espíritu, aquieta nuestro ánimo».

Homilía 6, sobre la oración

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«La oración es perfecta cuando reune la fe y la confesión; el leproso demostró su fe postrándose y confesó su necesidad con sus palabras».

Homilía sobre S. Mateo, 25

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«La luz para nosotros es la inteligencia, que se muestra oscura o iluminada, según la cantidad de luz. Si se descuida la oración, que alimenta la luz, la inteligencia bien pronto se queda a oscuras».

Catena Aurea

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«Cuando digo a alguno: Ruega a Dios, pídele, suplícale, me responde: ya pedí una vez, dos, tres, diez, veinte veces, y nada he recibido. No ceses, hermano, hasta que hayas recibido; la petición termina cuando se recibe lo pedido. Cesa cuando hayas alcanzado; mejor aún, tampoco entonces ceses. Persevera todavía. Mientras no recibas pide para conseguir, y cuando hayas conseguido da gracias».

Homilía, 10

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«Quien te redimió y te creó no quiere que cesen tus oraciones, y desea que por la oración alcances lo que su bondad quiere concederte. Nunca niega sus beneficios a quien los pide, y anima a los que oran a que no se cansen de orar».

Catena Aurea

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«La necesidad nos obliga a rogar por nosotros mismos, y la caridad fraterna a pedir por los demás. Es más aceptable a Dios la oración recomendada por la caridad que la que es impulsada por la necesidad».

Catena Aurea

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«Habiendo Dios dotado a los demás animales de la velocidad en la carrera, o la rapidez en el vuelo, o de uñas, o de dientes, o de cuernos, sólo al hombre lo dispuso de tal forma que su fortaleza no podía ser otra que la del mismo Dios: y esto lo hizo para que, obligado por la necesidad de su flaqueza, pida siempre a Dios cuanto pueda necesitar».

Catena Aurea

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Fuente original: Devocionario Católico


 

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