Catequesis sobre la familia: El feminismo exasperado

Catequesis sobre la familia: Introducción e índice general

Como consecuencia de la pérdida del padre y del fenómeno de las reivindicaciones del movimiento feminista del que hablaremos ahora, aparece una familia dominada por la figura materna, no equilibrada por la presencia del padre y, por consiguiente, con desviaciones psicológicas graves sobre los hijos.

Para nosotros es necesario tener presentes estos factores, descritos aquí de manera necesariamente sintética y sumaria, porque constituyen la mentalidad cada vez más difundida, sobre todo por los medios de comunicación social, pero también en los ambientes de la sociedad, del trabajo y de la escuela, y que, inevitablemente, atacan el concepto de familia cristiana y penetran también en nosotros, en nuestras familias sin que nos demos cuenta, y amenazan la estabilidad de la familia cristiana.


La revolución feminista se dio con mayor firmeza sobre todo en Estados Unidos

En su libro «El eclipse del padre» Mons. Cordes escribe al respecto:

Desde la mitad del siglo pasado, el hombre y padre inseguro ha sido duramente hostigado. Las mujeres comenzaron su auto liberación de la prisión en la que habían sido recluidas, mediante los medios de comunicación, la propaganda, la cultura popular y también la voluntad de poder masculina. Nadie puede negar que las mujeres tuvieran razones para rebelarse contra su condición de Cenicienta.

La rebelión se dio con mayor firmeza en Estados Unidos. Como otras revoluciones, también la de los derechos de la mujer se dio en varias oleadas. En el siglo XIX, las abanderadas femeninas del movimiento de liberación de los esclavos afro americanos lucharon en favor del derecho de la mujer al sufragio universal.


Contra la explotación económica de las mujeres

La resistencia femenina de los años 60 y 70 del siglo XX se dirigió a despertar la conciencia de su discriminación en un sector completamente distinto: el de la explotación económica.

Naturalmente, esta «segunda oleada» también dio la batalla en torno al bloque gobierno-religión-empleo, y puso de manifiesto la minusvaloración que las mujeres padecían en el trabajo, en la escuela, en la medicina y en el arte.


Contra la explotación comercial de la mujer

Pero el punto de salida del feminismo de posguerra es la obra «The Feminine Mystique» de Betty Friedan, de 1963, una fuerte denuncia contra la degradación comercializada de la mujer. En un mundo dominado por el consumo, las mujeres estaban doblemente maltratadas como «objeto sexual y como compradoras y vendedoras de objetos». Las tesis militantes encontraron arraigo en la parte femenina de la población norteamericana: «La publicidad es una máquina de propaganda insidiosa en favor de una sociedad con predominio absoluto de los varones» (Lucy Komisar, 1971). Con dichas frases se expresaba en los años 70 que ella estaba controlada y despersonalizada por él.

Ciertamente, mientras tanto, los ataques del feminismo fueron dando sus frutos para las mujeres y produjeron efectos tangibles en la relación entre los sexos; con el pasar de los años, la tensión en el ámbito social y público se ha reducido considerablemente. No obstante el paisaje social se ha visto afectado por la avalancha de cambios introducidos por el feminismo: se ha dado la vuelta a todo lo antiguo de arriba abajo y se han generado novedades en modo confuso.


Presencia cada vez más activa de las mujeres en cada campo de la vida social

En América las mujeres han vivido el último decenio como un tiempo de triunfo. Miles y miles de mujeres desfilaron por las avenidas da las grandes ciudades, embargadas y entusiasmadas por sentimientos fraternos descubiertos por vez primera. Incluso sin pertenecer al movimiento de liberación, la mayoría de ellas sienten que el viento les es favorable, sienten el entusiasmo de un nuevo amanecer y de un nuevo inicio... Ciertamente, la ganancia de esta lucha fue, en realidad, escasa en la mayoría de las profesiones y en la vida pública.


Muchos hombres se retiran cada vez más

Sin embargo, a muchos hombres les pareció que eso les obligaba a «retirarse», tanto del mundo laboral como del de la propia casa, donde las mujeres les obligaban a revisar también el comportamiento más íntimo de su vida personal.

El rol masculino tradicional se ha convertido en algo incierto [10].

El Papa Juan Pablo Il, que en la «Mulieris Dignitatem» desea vivamente la manifestación de aquel «genio» de la mujer que asegure la sensibilidad para el hombre en un mundo cada vez más dominado por los éxitos de la ciencia y de la técnica, y cada vez más insensible hacia la vida y hacia el hombre, apela también a las mujeres cristianas, cuyo modelo es la Virgen María, a que no se dejen arrastrar por modelos propuestos por movimientos feministas extremistas.

En nuestro tiempo la cuestión de los «derechos de la mujer» ha adquirido un nuevo significado en el vasto contexto de los derechos de la persona humana. Iluminando este programa, declarado constantemente y recordado de diversos modos, el mensaje bíblico y evangélico custodia la verdad sobre la «unidad» de los «dos», es decir, sobre aquella dignidad y vocación que resultan de la diversidad específica y de la originalidad personal del hombre y de la mujer.

Por tanto, también la justa oposición de la mujer frente a lo que expresan las palabras bíblicas «él te dominará» (Gén 3, 16) no puede de ninguna manera conducir a la «masculinización» de las mujeres. La mujer —en nombre de la liberación del «dominio» del hombre— no puede tender a apropiarse de las características masculinas, en contra de su propia «originalidad» femenina.

Existe el fundado temor de que por este camino la mujer no llegará a «realizarse» y podría, en cambio, deformar y perder lo que constituye su riqueza esencial (Mulieris Dignitatem, 10).

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Notas

[10] P. J. Cordes, El eclipse del padre, Ediciones Palabra, 2003.

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