Catequesis sobre la familia: Comunión de los padres

Catequesis sobre la familia: Introducción e índice general

Para la educación de los hijos la condición más importante es la comunión de los padres.

Estamos todos de acuerdo, y lo sabemos por experiencia, que la condición principal para una auténtica educación de los hijos y para la transmisión de la fe es la comunión entre los padres: marido y mujer.

Por esta razón mencionaré algunos aspectos sobre la teología del cuerpo desarrollada por el Papa Juan Pablo II, que nos ayuden a comprender mejor la vocación y la misión específica de la vida matrimonial, porque viviendo el matrimonio según el diseño de Dios se descubre mejor el papel del padre y de la madre en la educación de los hijos.


El hombre está llamado «desde el principio» a la comunión con Dios y con el prójimo

El hombre, en cuanto imagen de Dios, ha sido creado para amar. Esta verdad ha sido revelada plenamente en el Nuevo Testamento, junto con el misterio de la vida intratrinitatia: «Dios es amor» (1 Jn 4, 8) y vive en sí mismo un misterio de comunión personal de amor.

Creándola a su imagen, Dios inscribe en la humanidad del hombre y de la mujer la vocación y, consiguientemente, la capacidad y la responsabilidad del amor y de la comunión. El amor es, por tanto, la vocación fundamental e innata de todo ser humano.

Todo el sentido de la propia libertad, y del autodominio consiguiente, está orientado al don de sí en la comunión y en la amistad con Dios y con los demás (S. h. 8) [13].

«La vocación al matrimonio se inscribe en la naturaleza misma del hombre y de la mujer, según salieron de la mano del Creador» (CEC, 1603).

Habiéndolos creado Dios hombre y mujer, el amor mutuo entre ellos convierte en imagen del amor absoluto e indefectible con que Dios ama al hombre. Este amor es bueno, muy bueno, a los ojos del Creador. Y este amor que Dios bendice es destinado a ser fecundo y a realizarse en la obra común del cuidado de la creación. (Gn I, 28): «Y los bendijo Dios y les dijo: Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sometedla» (CEC, 1604).

La Sagrada Escritura afirma que el hombre y la mujer fueron creados el uno para el otro: «No es bueno que el hombre esté solo». La mujer, «carne de su carne», su igual, la criatura más semejante al hombre mismo, le es dada por Dios como un «auxilio», representando así a Dios que es nuestro «auxilio». «Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne» (Gn 2, 24). Que esto significa una unión indefectible de sus dos vidas, el Señor mismo lo muestra recordando cuál fue «en el principio», el plan del Creador: «De manera que ya no son dos sino una sola carne» (Mt 19, 6), (CEC, 1605).


Mediante su recíproca donación personal los esposos tienden a la comunión... en la generación y en la educación de nuevas vidas

El matrimonio no es, por tanto, efecto de la casualidad o producto de la evolución de fuerzas naturales inconscientes; es una sabia institución del Creador para realizar en la humanidad su designio de amor. Los esposos, mediante su recíproca donación personal, propia y exclusiva de ellos, tienden a la comunión de sus seres en orden a un mutuo perfeccionamiento personal, para colaborar con Dios en la generación y en la educación de nuevas vidas. En los bautizados, el matrimonio reviste, además, la dignidad de signo sacramental de la gracia, en cuanto representa la unión de Cristo y de la Iglesia (Sh, 28).

Para comprender mejor esta vocación al mutuo don de sí inscrito por el mismo Dios en la estructura sexual del varón y de la mujer, el Papa Juan Pablo II en las Catequesis sobre la teología del Cuerpo (1979-1984), en las Audiencias de los miércoles, profundizó y explicó el sentido del ser varón (hombre, masculinidad) y del ser hembra (mujer, feminidad).

Con esta enseñanza el Papa, a la luz de la Revelación y de la Tradición, arroja luz en medio de la confusión que se ha creado en la sociedad por lo que concierne la visión antropológica del hombre y de la mujer y sobre sus papeles en el matrimonio y en la familia.

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Notas

[13] La sigla «S. h.» de las citas siguientes se refiere a un Documento del Pontificio Consejo para la Familia: Sexualidad humana: verdad y significado, Ediciones Palabra, 1996 (hay ediciones posteriores), que ya presentamos en la Convivencia de los Catequistas de principio de curso de 1997, y que constituye un óptimo documento de referencia para la educación sexual y afectiva de los hijos.

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