Catequesis sobre la familia: ¿Quién manda en la familia? ¿El padre o la madre? (II)

Catequesis sobre la familia: Introducción e índice general

Padre, madre e hijos están llamados a enraizarse personalmente en Dios

En el caso de disparidad de puntos de vista sobre la familia, sobre la educación de los hijos, el padre y la madre, al fin de encontrar una unidad de comportamiento delante de los hijos, están llamados a estar personalmente y profundamente radicados en Dios. Aquí también aparece la necesidad de una constante conversión a Dios.

Si el modelo de la familia cristiana es la familia de Nazaret —la Sagrada Familia—, que la Liturgia llama «experta en el sufrir» descubrimos que en ella los tres componentes están enraizados personalmente en Dios, tienen una relación personal con él.

María, ante el anuncio del Ángel contesta: «hágase en mi según tu palabra», el diseño de Dios.

José no dice nada, pero hace, cumple lo que Dios manifiesta momento por momento, en situaciones difíciles y dolorosas, cumple la voluntad de Dios, se deja guiar por el Señor.

El adolescente Jesús manifestará claramente a sus padres que está llamado a ocuparse de las cosas de su padre, aun viviendo sometido a ellos en la casa de Nazaret.

Es esclarecedor, al propósito, un «midrash» de un autor español de 1800 que, comentando el tormento de José cuando se dio cuenta de que María estaba embarazada, cuando en lo profundo de su corazón decide repudiarla en secreto, se imagina un coloquio entre José y María después de que José recibiera del ángel en sueños, la explicación del misterio.

José le pregunta a María: pero, ¿por qué no me dijiste nada antes... por qué has dejado que viviera este tormento durante días, no has visto lo que sufría?... Si tú sabías la respuesta, ¿por qué no me lo has dicho, ahorrándome estos días y estas noches de sufrimiento y de tormento?

Y María le contesta: y, ¿quién era yo para interferir en tu relación con Dios? ¿Cómo habría podido explicarte yo lo que para mí misma era inexplicable?... Solo Dios te podía revelar directamente este misterio.

Jesús mismo, delante de María y de José —que después de haberle hallado en el templo de Jerusalén le dicen: ¿por qué no has hecho esto?... ¿Por qué no nos dijiste antes que te quedarías en el templo, y nos habría ahorrado estos tres días de angustia y de dolor?— da una respuesta que María entenderá solamente más tarde.


En ciertos momentos el marido debe tomar unas decisiones en conciencia delante de Dios

En ciertos momentos el marido debe tomar unas decisiones, después de haber hablado con la mujer (no delante de los hijos), a solas: en conciencia y ante Dios, después de haber rezado. Aunque la decisión puede causar un sufrimiento en el momento a la mujer o a los hijos. Como dice Jesús, en aquel momento el marido y padre está llamado a no buscar su complacencia, ni la gloria de los hombres, o la vida tranquila, sino la gloria de Dios solo. Y la mujer en estos casos, aunque sea más dotada, más fuerte, aunque no comparta la decisión, está llamada a someterse al marido como cabeza de la familia. Más bien, como mujer y madre tiene una tarea muy importante ayudando al marido a ser verdadero padre, a tomar decisiones según Dios, y también a ayudar a los hijos a reconocer la autoridad del padre.

Si los hijos vislumbran una división, una «descomunión» profunda en los padres, lo tienen fácil para no obedecer, y para crecer haciendo su propia voluntad.

Es importante que los hijos vean en el padre al cabeza de familia, el punto de referencia y de seguridad, mientras que en la madre vean el amor, la ternura, la comprensión.


La obediencia en la familia

En la familia los hijos aprenden a obedecer y los padres a que les obedezcan, aunque esto vaya en contra de la mentalidad corriente. En esto los padres y los hijos son ayudados por la participación en el Camino Neocatecumenal. En efecto, en el Camino todos son iniciados a obedecer en la fe a Dios: tanto en las personas de los Catequistas en el itinerario neocatecumenal como a la jerarquía: al Papa, al Obispo, al Presbítero. El hecho mismo de poder ver y experimentar que los padres mismos obedecen a otros ayuda a los hijos a aprender a obedecer.

Jesús mismo aprendió a obedecer al Padre a través de lo que sufrió... también él, verdadero hombre, fue tentado a no adecuarse a la voluntad del Padre. En el fondo, la obediencia a los padres (y a la autoridad constituida por Dios) es sacramento de la obediencia a Dios. San Pablo recomienda obedecer como al Señor: en conciencia. Lo mismo afirma también san Pedro.

La desaparición de Dios es desaparición del padre, desaparición de la autoridad y desaparición de la obediencia; todo eso es sustituido por el Estado, que hace de padre y madre, emana leyes y obliga a la observancia con el miedo al castigo para quien las infringe.

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