Catequesis sobre la familia: La inserción en la Comunidad y en la Parroquia

Catequesis sobre la familia: Introducción e índice general

Los padres están llamados a acompañar a los hijos en su preparación a la Primera Comunión en la parroquia, y después a la Confirmación, explicando mano a mano a los hijos el profundo significado de estos acontecimientos en su vida. Así introducen a los hijos en la propia Comunidad Neocatecumenal después de la Primera Comunión, participando por primera vez en la celebración de la Eucaristía donde hacen las moniciones, proclaman la Palabra y comulgan el Cuerpo y Sangre de Cristo, en un clima de acogida y de fiesta.


La participación en la celebración de la Pascua [32]

Es fundamental para la transmisión de la fe la participación desde la más tierna edad a la fiesta de la Pascua, participando en la medida de lo posible en las solemnidades del Triduo Pascual, sobre todo de la Vigilia Pascual. Según la edad empiezan a participar en parte al ayuno pascual, preparan los cantos, viven la espera de la Vigilia Pascual. A través de los cantos, las tinieblas y la luz, el incienso, los cantos, las preguntas de los niños y las respuestas de los padres, los Bautismos por inmersión, la Eucaristía solemne, los niños empiezan a vivir este evento como el evento principal del año y de su vida.


A la edad de los 13 años los hijos inician la catequesis y entran en una comunidad neocatecumenal

A la edad de los 13 años [33] los hijos inician la catequesis y entran en una comunidad neocatecumenal propia, en la cual junto con los hermanos recorrerá el camino de iniciación hacía una fe adulta, de modo que poco a poco la fe recibida por los padres se convierte en algo propio para afrontar como cristiano adulto la vocación a la que Dios le llama.

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Notas

[32] La Pascua hebrea exige tanto de esos preparativos que es natural preguntarse el porqué, precisamente, las preguntas que los niños hacen a los padres acerca del significado de la Celebración son el núcleo de la misma y tienen que ser satisfechas antes que cualquier otra cosa.

Un particular significado característico de esta celebración es el hecho de evidenciar cómo ninguna educación impartida por terceras personas, como por ejemplo maestro, puede ocupar el lugar de una educación transmitida a través de una implicación personal, por el padre mismo. El saber hebreo no es una cuestión sencillamente teórica o mecánica, sino que se trata de una cuestión práctica que enviste el estilo de vida de un hombre y es por esa razón que no puede ser transmitida únicamente en un nivel casi del todo teórico en la escuela.

Este es un mensaje importante que proviene de la celebración de la Pascua que sitúa en el centro el ambiente familiar.

Así como todo padre tiene el deber de cumplir su función educativa, del mismo modo la ley hebrea se asegura que todo carácter del hijo puede beneficiarse de la instrucción parental.

Escribe Pinchas Lapide: «ningún niño hebreo llega a la mayor edad religiosa (la edad del bar-mitzvà) sin haber vivido como una experiencia personal la historia de la salida de Egipto, y sin haber hablado de ella con participación [...]. La Pascua, en efecto, es sobre todo una fiesta de familia, en la cual los niños ocupan un papel central».

Unos cuantos elementos del «Seder» evidencian el papel activo desarrollado por los niños y el intento de solicitar su atención y participación en el transcurso de la celebración: la mesa redonda, bien preparada, los alimentos simbólicos, la preparación a la fiesta, de modo tal que la celebración pascual se transforma en una memorable experiencia educativa y de fe.

Su papel de todas formas, es verdaderamente decisivo en ocasión de la fase llamada 'maggid', «contar», o sea, la fase narrativa. La liturgia tiene aquí en su centro la narración del éxodo de la esclavitud egipcia, de manera que refuerza la propia entidad hebraica y, a la vez transmite importantes enseñanzas pedagógicas, dirigidas tanto a los hijos como a los padres y valores universales. Es deber de los padres transmitir la enseñanza histórica de la salida de Egipto contestando a las preguntas de los hijos en concordancia con la inteligencia de cada uno. Para evidenciar la gran variedad de la personalidad humana con la conciencia que cada persona es distinta y única en su género, en el plano pedagógico el texto de la cena pascual se refiere a cuatro simbólicos modelos filiales para otros tantos hijos presentes: uno sabio, uno malvado, el tercero «simplón» y el último incapaz hasta de formular preguntas.

En la boca de los primeros tres se ponen unas preguntas provocadoras, para ofrecer al cabeza de familia unos ejemplos de respuestas pertinentes, que él puede ampliar a su gusto. Todo esto para ilustrar plásticamente y de múltiples maneras, apto para las diversas mentalidades, la epopeya de la liberación del pueblo hebreo. El hebraísmo presenta aquí su característica de libertad, de apertura a distintas posibilidades de interpretación de la fiesta:

—de la del sabio propia de quien conoce el sentido «Pesaj», la Pascua hebrea, de quién experimenta cotidianamente la libertad y la gloria que de ella derivan, al que se le responde que siga por ese camino, profundizando en ella cada vez más

—a la del malvado, el cual nada menos ignora la Pascua, no conoce la libertad; es incapaz de aprender;

—luego está el «simplón», el ingenuo que aparece del todo superficial e imposibilitado a poner verdaderas cuestiones, a evolucionar. Se trata del hombre que cree saber y que, por eso, víctima de su ilusión, está condenado a la ignorancia;

—finalmente el hijo que no sabe hacer preguntas, probablemente el más joven pero está dispuesto a aprender, siguiendo una pedagogía correctamente fundada. La sugerencia del Midrash es la de «abrirle la boca», de manera socrática, estimulándola a interrogar, capturando su atención, haciéndolo participe de la reflexión común. El sustantivo latino 'infans', de donde deriva «infante», es decir, aquel que no habla y que tiene que ser introducido a hablar, refleja una fundamental necesidad pedagógica que el hebraísmo dice que consiste esencialmente en inducir al niño ante todo a hacer preguntas.

[33] El Bar-mitzvà: literalmente el término bar/bat-mitzvà significa «hijo/a del mandamiento» e indica tanto el momento en el que se alcanza la madurez religiosa y legal como la ceremonia en ocasión de la adquisición formal del status de madurez religiosa, alcanzada, la edad de trece años por los chicos y doce por las chicas. Una vez que ha alcanzado tal edad, un hebreo está obligado a la observancia de los mandamientos. Esta consiste en una bendición que el padre pronuncia para ser libre de la responsabilidad legal de las acciones de su propio hijo. A su vez, este último, al fin de probar públicamente la madurez alcanzada, el sábado siguiente al cumplimiento de los trece años es convocado para leer la Torah en la sinagoga: pronunciando una serie de bendiciones apropiadas, leyendo una parte de la perícopa semanal y el paso de los profetas y teniendo una exposición homilética al grupo de los presentes; poniéndose por fin a su disposición y respondiendo a eventuales preguntas.

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