Catequesis sobre la familia: La educación sexual (I)

Catequesis sobre la familia: Introducción e índice general

Es deber de los padres cuidar de la educación sexual y moral de los hijos

Experiencias negativas en este campo pueden traumatizar al hijo de por vida. Es este un campo en que los padres están llamados a informarse, quizás con el auxilio de algún libro bueno, y siempre a la luz de la revelación.


Los derechos y los deberes de los padres

Desde el Concilio Vaticano II el matrimonio no solo se presenta como una «vocación» de Dios, así como la vocación al sacerdocio o a la vida consagrada, sino también como una «misión», de la que forma parte además de la generación de los hijos, la misión de educarlos en la fe, que incluye también la educación a la castidad y al descubrimiento de su propia vocación.


El significado del deber de los padres

Este deber de la educación familiar (de los padres) es de tanta trascendencia que, cuando falta, difícilmente puede suplirse. Es, pues, deber de los padres crear un ambiente de familia animado por el amor y por la piedad hacia Dios y hacia los hombres, que favorezca la educación íntegra personal y social de los hijos. La familia es, por tanto, la primera escuela de las virtudes sociales, que todas las sociedades necesitan... Los padres son los primeros y principales educadores de sus hijos, y en este campo tienen una competencia fundamental: son educadores por ser padres. (S. h. 23).

Este derecho implica una tarea educativa: si de hecho no imparten una adecuada formación en la castidad, los padres abandonan un preciso deber que les compete y serían culpables también si tolerasen una formación inmoral o inadecuada impartida a los hijos fuera del hogar (S. h. 44).

Esta tarea encuentra hoy una dificultad particular debido también a la difusión, a través de los medios de comunicación social, de la pornografía, inspirada en criterios comerciales que deforman la sensibilidad de los adolescentes. A este respecto se requiere por parte de los padres, un doble cuidado: una educación preventiva y crítica de los hijos y una acción de valiente denuncia ante la autoridad. Los padres, individualmente o asociados con otros, tienen el derecho y el deber de promover el bien de sus hijos y de exigir a la autoridad leyes de prevención y represión de la explotación de la sensibilidad de los niños y de los adolescentes (S. h. 45).

El Santo Padre Juan Pablo II subraya esta misión de los padres delineando la orientación y el objetivo: «Ante una cultura que "banaliza" en gran parte la sexualidad humana, porque la interpreta y la vive de manera reductiva y empobrecida, relacionándola únicamente con el cuerpo y el placer egoísta; el servicio educativo de los padres debe basarse en una cultura sexual que sea verdadera y plenamente personal. En efecto, la sexualidad es una riqueza de toda la persona —cuerpo, sentimiento y espíritu— y manifiesta su significado intimo al llevar a la persona hacia el don de sí misma en el amor» (S. h. 46).

No podemos olvidar, de todas maneras, que se trata de un derecho-deber, el de educar en la sexualidad, que los padres cristianos en el pasado han percibido y ejercitado poco, posiblemente porque el problema no tenía la gravedad actual, o porque su tarea era en parte sustituida por la fuerza de los modelos sociales dominantes y, además, por la suplencia que en este campo ejercía la Iglesia y la escuela católica. No es fácil para los padres asumir este compromiso educativo, porque hoy resulta complejo, superior a las posibilidades de las familias, y porque en la mayoría de los casos no existe la experiencia de cuanto con ellos hicieron sus padres (S. h. 47).

En tal contexto es necesario que los padres, remitiéndose a la enseñanza de la Iglesia, y con su apoyo, reivindiquen su propia tarea y, asociándose donde sea necesario o conveniente, ejerzan una acción educativa fundada en los valores de la persona y del amor cristiano, tomando una posición clara que supere el utilitarismo ético. Para que la educación corresponda a las exigencias objetivas del verdadero amor, los padres han de ejercitarla con responsabilidad autónoma. (S. h. 24).

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