Juan Diego, el mensajero de la Virgen de Guadalupe

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El 9 de diciembre de 1531, el indio Juan Diego es llamado por la Virgen en el Cerro del Tepeyac, quien le dice: «Juanito, el mas pequeño de mis hijos, yo soy la siempre Virgen Santa María y quiero que se me construya un TEMPLO aquí, para en él mostrar y dar mi amor y auxilio a todos ustedes».

Ella le envió con el señor Obispo Zumárraga, quien le pidió que trajera una SEÑAL o prueba para saber si la Señora era de verdad la Virgen.

El martes 12 de diciembre le envió la prueba pedida: unas rosas frescas y su imagen estampada en el burdo ayate de Juan Diego.

El Obispo cumplió la promesa: el 26 de diciembre el retrato de la Virgen fue trasladado a la ermita o templo. Hoy en día, la imagen es venerada por millones de mexicanos en la gran Basílica de Guadalupe.

El ayate de Juan Diego era de una tela de fibra de maguey que dura 20 años. A pesar del descuido y malos tratos (el cuadro estuvo 116 años sin vidrio y a una altura donde lo podían tocar todas las personas) la imagen de la Virgen Guadalupana sigue hoy intacta recibiendo diariamente a todos los mexicanos en su casa del Tepeyac.

¿Quién fue Juan Diego?

El milagro de la Virgen de Guadalupe no puede ser aceptado sin aceptar la existencia real de Juan Diego.

Juan Diego fue el INDÍGENA ESCOGIDO POR DIOS para recibir el mensaje de la Virgen, de manera que los pobladores de estas tierras conocieran la fe cristiana.

En los códices indígenas (donde los indios acostumbraban registrar lo que sucedía, con dibujos y símbolos), más tarde en los documentos españoles de historia y a través de la trasmisión oral de generación en generación, se saben varias cosas de la vida de Juan Diego:

Juan Diego Cuauhtlatoatzin nació en el año 1474 en Cuautitlán, se casó con Lucía. Cerca de los 50 años abandonó el culto a los ídolos aztecas para ser bautizado por el Fraile Motolinía en la religión Católica. Su mujer Lucía y su tío Juan Bernardino, a quien después la Virgen curó, también se bautizaron. Todos asistían frecuentemente a la doctrina , que era una clase para enseñar la religión, que los frailes de Tlaltelolco daban a los indios que se habían convertido. Para poder asistir a la doctrina se trasladaron a Tulpetlac, donde murió Lucía.

Desde que vivió las apariciones de la Virgen y «Su Señora del Cielo» le habló, Juan Diego dejó casas y tierra para vivir en un pequeño jacalito junto al Templo Guadalupano, hasta que murió en el año de 1548 a la edad de 74 años.

¿Cómo era Juan Diego?

Algunos años después, se entrevistaron a ancianitos y a parientes de Juan Diego y tanto ellos como otros españoles se refirieron a él como una persona de GRAN HUMILDAD y LLENO DE VIRTUDES, es decir de cualidades buenas y santas.

Juan Diego fue amado de la Virgen, por humilde, servicial, fiel, generoso, buen cristiano, sencillo, devoto y rico en amor. Juan Diego consagró el resto de su vida para cuidar la imagen que la Virgen de Guadalupe quiso regalar a México, ya de nada más quiso saber.

Fue Juan Diego hombre de gran FIDELIDAD y entrega de fe, y siempre fue muy querido y respetado por todos los que visitaban el templo, desde el Obispo y los Frailes hasta las personas que se convertían y se bautizaban; a éstos últimos Juan Diego les daba consejos y les hacía favores.

¿Por qué es tan importante la acción de Juan Diego?

La aparición de la Virgen de Guadalupe en tierras mexicanas, fue el motor que movió a que miles de indígenas que adoraban dioses falsos, se convirtieran. El motivo de la venida de la Virgen fue traerlos a su hijo Jesucristo y llenarlos con el espíritu de la nueva religión.

El Fraile Motolinía escribió que en quince años fueron bautizados muchísimos indígenas.

La acción de Juan Diego es muy importante porque fue el INSTRUMENTO OBEDIENTE que cooperó para hacer posible lo anterior. Durante 17 años , Juan Diego nunca se cansó de repetir las delicadezas de la Virgen y de narrar sus apariciones. De todo México acudían interminables grupos que escucharon de sus labios su maravillosa experiencia. Entonces, lo más importante de Juan Diego es que se convirtió en EL MEJOR EVANGELIZADOR DE MÉXICO.

La Virgen también vino a decirnos a los mexicanos y a través de Juan Diego, que nada debemos temer mientras estemos bajo su protección. Recordemos sus palabras en el Tepeyac:

—¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿ No estás bajo mi sombra y mi resguardo? ¿No soy yo la fuente de tu alegría?... ¿Tienes necesidad, pues de alguna otra cosa? (Nicán Mopohua)

¡Juan Diego, un santo mexicano!

Para llegar a ser declarado SANTO, la Iglesia hace todo un proceso muy largo y muy laborioso. Se hacen muchas investigaciones, se buscan pruebas. Finalmente se tiene que atribuir un milagro a la persona por santificar. Las personas que entran en este proceso de Canonización (para ser santos), pasan por diferentes etapas:

  1. Primero se les declara Siervos de Dios.
  2. Después se les declara Beatos.
  3. Finalmente se les declara Santos.

Juan Diego fue beatificado (aceptado como Beato) por el Papa Juan Pablo II el 6 de mayo de 1990 y canonizado (aceptado como Santo) el día 31 de Julio de 2002. 

Juan Diego, puede proponerse como un ejemplo de vida cristiana, pues nos enseña que todos nosotros, de cualquier raza, color y condición o estado, estamos llamados a la SANTIDAD.

Los mexicanos y todos los cristianos debemos de estar orgullosos de que haya sido reconocido como SANTO, para que invoquemos su intercesión, ya que es quien más cerca está de la Virgen de Guadalupe en el cielo. Imitemos sus virtudes y recordemos que Dios se revela a los HUMILDES y los engrandece.

¡El Papa fua a México a canonizar a Juan Diego!

Fue un gran honor y una gran alegría, el que el Papa Juan Pablo II hiciera un viaje especial a México para la ceremonia en la que Juan Diego sería declarado SANTO. ¡La canonización de Juan Diego fue el 31 de Julio del 2002!

Fuente: laverdadcatolica.org.

 

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